La imagen de Katja aparece ante mis ojos cada vez más
nítida, recién nacida. En su desnudez, observo un cuerpo infinitamente joven y
bello. Su voz es diferente, tiene un ligero acento de personaje de ficción, que
la vuelve irresistible. Eternamente joven, Katia pasea su desnudez por una casa
vieja en el barrio de Friedrischain. Ha
oído cerrarse la puerta, por ello recorre despreocupadamente el pasillo hasta
su cuarto, dejando tras de si pequeñas huellas de agua. Ni se molesta en correr
las cortinas de su habitación para
vestirse. Camina descalza, haciendo crujir la madera a su paso. Krunch-krunch.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario