martes, 19 de enero de 2010

PIRATA

Iba para el barrio, después de dejar a mi chavala. Normalmente voy en metro, pero aquel día no estaba lloviendo y preferí coger el autobús. Me senté, enfrente de la mujer del abrigo de visón. Nada más sentarme, ésta se recolocó y le dijo a su amiga algo que no quise oír. Yo iba muy contento pensando en mi rubita, pero aquellas mujeres tenían un tono demasiado chillón. Además hablaban levantando la voz, para que todos nos enteráramos de que sus maridos esto y lo otro y lo de más allá. Menudas dos arpías, pensé, e intenté concentrarme en el aroma de mi chica. Después se tiraron toda una parada hablando de las hijas de una de ellas. Una estudiaba Derecho y otra hacía un Master en Inglaterra. Luego, la señora que estaba más cerca, la del abrigo de visón, le mostró a la amiga el último regalo de su querido Andrés, un bolso de Carolina Herrera. Yo la miraba de reojo y me partía la polla. La mujer no paraba de hablar del dichoso bolso y se lo enseñaba a la amiga mientras alardeaba de lo difíciles que son de conseguir y lo mucho que debía de haber costado. Pero el bolso era más falso que ella, yo lo sabía y la mujer que alardeaba. Y la amiga, que al verme mirar el bolso debió de pensar que iba a robarlas, le dio un golpecito a la otra, que me miró de soslayo y se agarró al bolso como un policía se agarra a la porra. Yo estaba tan feliz y me tocaron tanto la polla, que le dije, muerto de risa, que el bolso era falso. La amiga miraba ya para otro lado, indiferente, pero ésta, ésta no se mordía la lengua.

- ¡Con esas pintas, qué sabrás tú de nada!

- Señora, volví a dirigirme a ella, no sé que le habrán soplado a su marido por eso, pero es una imitación y ni siquiera es buena. Créame, sé de lo que hablo, que mi familia es distribuidora de la marca. Donde la cremallera, los bolsos de Carolina Herrera llevan un refuerzo de cuatro costuras a un centímetro de distancia y antes me he fijado en que el suyo solo tiene dos. Además, en el logo tiene una pequeña marca que al suyo le falta.

La mujer enmudeció de pronto. La amiga se había vuelto y me escuchaba con atención. Supongo que no se lo esperaban.

- Pero si quiere salir de dudas, añadí, sabiendo que había ganado otra batalla, déle un buen tirón, las costuras de un bolso bueno aguantarán, claro que, en su caso, no se lo aconsejo.

La mujer no sabía donde meterse, mientras el fondo del autobús se partía de risa. Bajaron en la siguiente parada. Miré mi reflejo en la ventana ¿pintas? Cerré los ojos y volví a pensar en ella, en mi rubita.