martes 13 de octubre de 2009

REENCUENTRO

Cuando Lourdes entró en el salón tenía los ojos enrojecidos y la voz temblorosa.
- Lo siento, le dijo a su hermana, todavía no me hago a la idea.
- No me extraña, contestó Lourdes, ¡pobre mamá!
Rosita estaba sentada en el viejo sofá de la madre. Tenía el cuerpo inclinado hacia delante y las manos sobre la mesa de cristal. Parecía un gato negro encaramado. Encima de la mesa había seis fotografías de distintos tamaños, todas de su madre. Las analizaba detenidamente. La hermana se sentó a su lado. Se habían quedado solas en el mundo. Huérfanas. Lo único que sabían de su padre era que se llamaba Antonio y que había muerto en un accidente de tráfico cuando ellas eran muy pequeñas. A su madre nunca le gustó hablar de él y ellas siempre respetaron su silencio, aunque les resultara extraño. Lourdes cogió entre los dedos la foto más próxima a ella y se la mostró a su hermana.
- No, esa foto tiene por lo menos, cuánto, ¿quince años? Dijo la pequeña, centrando su atención en las imágenes que había sobre la mesa.
- Es cierto, dijo Lourdes, sin apartar la vista del retrato, debe de ser de cuando mamá se graduó. ¡Qué guapa era!
Rosita volvió a mirar la foto.
- Sí, muy guapa. Tenía algo, ¿verdad? como un brillo especial…
- Tú te pareces a ella, añadió Lourdes, mientras colocaba la fotografía en una esquina y cogía la siguiente.
- No, dijo otra vez su hermana. Demasiado pequeña. Se trataba de una foto de carné que además tenía ya unos cuantos años. Lourdes la dejó junto a la anterior.
- ¿Y aquella? Preguntó Rosita, apuntando con el índice a una fotografía donde aparecía su madre con un collar de perlas, no la había visto nunca.
-Es reciente. Mamá se la hizo poco antes de… Lourdes tuvo que respirar hondo antes de seguir hablando. No lo sé, añadió. A Mamá no le gustó esa foto. Me lo dijo.
Rosita cogió el retrato.
- ¡Tiene la misma mirada que en su juventud! A mi me parece muy buena.
- Pero a mamá no. La pondría triste.
- Pues a mi me parece que debería ser ésta.
- ¡Pues a mi no! Lourdes le quitó la fotografía a su hermana y la puso junto a las otras dos.
-Toma, dijo Rosita sin ganas de discutir, pon ésta también, mamá sale con los ojos cerrados.
Sólo quedaban dos fotografías. En ambas aparecía la mujer con gesto serio. Tenía la piel morena y los ojos oscuros y en ambas llevaba el pelo recogido en un moño, como era su costumbre. Una de las fotografías debía de ser del invierno pasado, pues llevaba puesto un jersey de lana. La otra era una imagen atemporal que bien podía haber sido tomada en verano o invierno.
- Cualquiera de las dos me parece bien, dijo la mayor, pero su hermana no lo tenía claro.
- Se la ve demasiado seria, ¿no crees?
- Es por los dientes. No le gustaban sus dientes, por eso no sonreía nunca.
- No sé. Las personas que no la conocieron podrían pensar que era una mujer malhumorada, protestó Rosita.
-Igual tienes razón, contestó Lourdes. ¿Estás segura de que no hay más?
- Estoy segura. Lo he vuelto todo patas arriba buscándolas.
Las dos hermanas respiraron hondo. Rosita volvió a coger la fotografía del collar perlas. Su hermana trató de impedírselo y la foto cayó al suelo dada la vuelta. Rosita se dio cuenta de que había algo escrito en el reverso:
“QueridoAntonio, así es ahora la mujer que abandonaste hace quince años,
cuando decidiste seguir adelante con aquel condenado atraco.
Te perdono.
Si me sigues queriendo, puedes volver.
Las niñas no lo saben.
Isabel.”