jueves, 15 de octubre de 2009

EL (otro) DESEO

Una calada y el tiempo empieza a detenerse. Los músculos comenzarán a relajarse. Dos e incluso el fregadero de la cocina deja de gotear. Las persianas del salón están bajadas y los platos sucios se acumulan encima de la mesa. No importa. Bienvenidos a El Deseo. Pablo está anestesiado en el sofá, con la pupila encogida, como un niño indefenso delante de un televisor y el mechero en la mano. Desde que Eva se ha ido, los relojes se paran a intervalos cada vez más cortos. Un reguero de luz entra desde la cocina. Suena Buddy Holly en el ordenador. Pablo hunde la cabeza en la almohada y cierra los ojos y sube a su pequeño escenario. Lleva unas enormes gafas de pasta, negras y rectangulares y una americana en tonos pastel delante de un micro estéreo de los años 50. Tiene una Fender Stratocaster entre las manos. Se siente muy bien. Tararea las letras que recuerda, despacio y sin ritmo. Tres y empieza a reír. Él no es tan feo como Baddy Holly. Piensa en Eva, pero no se detiene, la besa y sigue. Llega hasta el Chelsea Hotel, con Leonard Cohen y la pequeña niña triste. Cuatro. Cinco. Seis. Amanece en su desorden con Jimi Hendrix. Los efectos de la heroína han desaparecido. Entonces vuelve Eva para inundar con su ausencia todo lo vivido y deseará retroceder hasta el momento en que pudo elegir. O avanzar las manecillas.

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